Las empresas de seguros son
intermediarios financieros
desde el punto de vista económico y financiero. Este sector se
diferencia de otros sectores económicos en que, para iniciar su
actividad, necesita un capital fijo relativamente pequeño, puesto que no
necesita realizar grandes inversiones en
activos para ejercer su actividad y su
capital circulante
se lo anticipan sus propios clientes a cuenta del producto que ha de
empezar a fabricar en ese momento (la seguridad), y que ha cobra por
adelantado. Por eso, teóricamente, sus necesidades técnicas de
financiación son muy pequeñas. Por otra parte, el producto que
comercializan, la seguridad, se garantiza a todos los clientes, aunque
la entrega solo se efectúa a una parte de la clientela. El tiempo juega
además a favor del asegurador, ya que el coste correspondiente (la
siniestralidad) se reparte posponiéndose y dando lugar, entretanto, a un
cúmulo de ahorro que forman las denominadas provisiones técnicas; por
eso, desde un punto de vista financiero, el
tomador de una póliza de seguros es un
prestamista
que proporciona un crédito al asegurador para que fabrique el producto,
(la seguridad), convirtiéndose de esta forma el asegurador en un mero
inversor de los fondos que no consumidos.
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La actividad aseguradora, por su propia naturaleza, convierte en
inversión a largo plazo lo que, en general, no fue siquiera considerado
ahorro por el contratante del seguro. Sin embargo, se trata de ahorro
que desde el punto de vista financiero es muy estable y a largo plazo.
Elementos de de una operación de seguro
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